domingo, 26 de octubre de 2008

Entrada original para versión alterna sin alternativa de entrar allí


CERRÓ LA puerta. Sin soltar la chapa comenzó a desvestirse involuntariamente y se detuvo a medio cierre. Devolvió el proceso. Lamentó vomitar después de haber besado tan maravillosamente. Después, ningún sólo pensamiento atravesó la toma fija que encuadraba su visión. Alguien, desde afuera, pensó en su lugar: explosión. Voy a explotar si no pienso en algo.

Dicen que el silencio puede escucharse después de una sobredosis de ruido. Dicen que es continuo, agudo, que viene desde adentro y que fuera de eso es completamente indescriptible. Dicen también que es transparente, que suena vacío.

Alguien afuera lo pensó por él: él pensó por ella: ella simplemente no pensó. Estaba tirada en noventa grados tras la puerta. Analizando con cuidado un punto perdido en una pared demasiado lejana como para apreciarle los detalles. Se distraía en las texturas intermedias: la pata de una silla, la pierna oscura de una mesa, su propia pierna envuelta en una piel artificial de ningún color. El aire, el humo que subía desde atrás del piso. Confundía los nombres, los pronombres, los artículos. Revivía repetidas veces una escena exenta de toda referencia temporal. En automático buscó el reloj y no entendió la cifra.

Dicen que la inconciencia se ve igual que la conciencia, que lo único que cambia son las conclusiones. Los significados de las cosas.

Él pensó en la hora y alguien afuera decidió salir. Él salió involuntariamente y comenzó a desvestirse sin detenerse a medio cierre.

Quedó desnuda sin saber en qué momento. Pasó de largo el espejo creyendo que era ella la del otro lado. La escena se repetía y no llegaba a concluirse. Entonces Alguien Afuera se preguntó por él en qué terminaba.

Alguien afuera tocó la puerta. Reflejo decide abrirla independiente del espejo, quien se había empañado con el vapor que se fugaba de la regadera.

Alguien afuera le dijo a ella que se estaba trasluciendo. Que cómo estaba tan tranquila si en algún lugar desconocido él pensando por ella la esperaba, es decir, ella en otra parte se esperaba a ella. Como no pensaba, regresó a pasar de largo el espejo, quien le devolvió su propio yo (acaso el verdadero) distorsionado.

Alguien afuera pensó por él en ir tras ella y así lo hizo. Él se fue. Él corrió y cayó a los cuatro pasos. Ella también, pero sin razonarlo, sin darse cuenta.

Alguien afuera escapa
con la satisfacción de él y el corazón de ella en las entrañas.

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