
Abril en Octubre
Hora de cambiar la música. Acepto que de entre tú y yo, al mundo tú le haces más falta. Aunque digas que no sabes lo que estás haciendo, aunque el rumbo definitivo todavía no quede claro. Parece (¿es o parece?) que lado a lado aparentamos ver más nítidos los horizontes; yo siento que juego a hablar como adulto y siento también que tú eres el adulto. No puedo conmigo, lo sabes. Necesito vivir con una bomba en la garganta: mechero que me mantiene expulsando palabras sin cuidado, riendo, concentrando mi atención en una sola cosa, como down. Pensé hace rato que sería más fácil decidirnos, dejar de andar por el mundo dando vueltas, tumbos, tropezando; marcar una línea recta hacia donde sea, pequeñas metas... “objetivitos” les llamaba Jöse ayer.
Pero creo que es más divertido flotar, dejarse llevar un poco. Al final los dos sabemos que lo que nos corresponde nos será devuelto sin buscarlo. Aquí entre nos, he pensado que me correspondes y yo lo mismo, pero no es tiempo de confesarlo. Además confío muy poco en mis sentidos, porque a ellos les gusta equivocarse.
La fórmula, a todo esto, es olvidar las cosas importantes cuando ya nada puede hacerse. Olvidarse y ocuparse en otra cosa (de preferencia diametralmente opuesta) y después de eso, lentamente, lo importante irá saliendo solo. (...) Lo único que intento es un nuevo principio.
Puedo aseverar que eres una ventana, que me creces adentro, que no nos acordamos de distancias kilométricas ni años. Es lo que se llama “amistad verdadera” y basta. Evitemos a toda costa las cursilerías.
Prometí no llorar, por eso esta (¿carta?) pasa por encima.
Abril en Octubre, 3 de diciembre de 2008.
1 comentario:
mis ojos se han incrustado en tus letras muchachita, que bonitas.
Publicar un comentario