Me sorprende el sol con frío
las barbaridades que ejecutan los transeúntes sin espectadores
y que todavía sea posible abrir un libro en la vía pública sin ser arrestado
y no es que yo quiera conservar las buenas costumbres
de andar por la calle aventando palabras al aire
sino que mi cabeza
-tan golpeada ya a estas horas-
necesita que una voz ajena le narre la metáfora
de lo que pasa enfrente de sus ojos.
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